Familia sin nombre

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Y como el Sr. Nick, no sabiendo lo que le pasaba, no se decidía a contestar, se oyó una exclamación, a la que se unieron otras cincuenta a la vez:

—¡Honor! ¡Honor a Nicolás Sagamore!

Lionel, el joven pasante, era el que había dado ese grito de entusiasmo. Estaba orgulloso por lo que la sucedía a su principal, pensando que el brillo de su posición recaería algún tanto sobre sus pasantes, en particular, sobre él; y alegrándose con la idea de que marcharía en adelante al lado del gran jefe de los Mahogannis, no pudo contenerse y vitoreó a su principal.

El señor de Vaudreuil y su hija no pudieron disimular una sonrisa viendo la cara estupefacta del notario. ¡Pobre hombre! Mientras que el cortijero, su mujer, sus hijos y sus amigos le felicitaban sinceramente, no sabía a quién atender.

Entonces el indio preguntó de nuevo, y de un modo que no daba lugar a dudas:

—¿Consiente Nicolás Sagamore en seguir a sus hermanos al wigwam de Walhatta?

El Sr. Nick se quedó con la boca abierta, pues de ninguna manera pensaba en dejar su notaría para ir a reinar sobre una tribu hurona, y, por otra parte, no quería herir con una negativa la susceptibilidad de los indios de su misma raza, que le llamaban a tal honra por derecho de sucesión.


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