Familia sin nombre
Familia sin nombre —Mahogannis, —dijo por fin—, yo no esperaba… ¡No soy digno, en verdad…! ¡Comprendedme… amigos mĂos… no estoy aquĂ sino como notario…!
Balbuceaba, buscaba las palabras, y no encontraba nada concreto que responder.
Nick se puso el arma al hombro de un modo lastimoso.
Tomás Harcher vino a apoyarle.
—Hurones, —dijo—: el Sr. Nick es aquà notario, por lo menos hasta que termine la ceremonia del casamiento. Si le conviene después dejar el cortijo de Chipogán para volver con sus hermanos a Walhatta, queda en libertad para hacerlo.
—¡SĂ… eso es, despuĂ©s de la boda! —exclamaron los concurrentes, que querĂan a toda costa que se quedara el notario.
El hurón movió suavemente la cabeza, y después de tomar el parecer de los demás diputados, dijo:
—Mi hermano no puede titubear; la sangre de los Mahogannis, que corre por sus venas, le impone derechos y deberes que no querrá desatender…
—¡Derechos… derechos… pase! —murmuró el Sr. Nick—. ¡Pero deberes…!
—¿Acepta mi hermano? —respondió el indio.