Familia sin nombre
Familia sin nombre —¡Si acepta…! —exclamó Lionel—: ¡ya lo creo! Y para dar fe de sus sentimientos, es preciso que se revista al instante con el manto real de los Sagamores.
—¡Este imbécil no se callará! —repetÃa entre dientes el notario.
Y con mucho gusto hubiera calmado con un puntapié el entusiasmo intempestivo de su pasante.
El señor de Vaudreuil comprendió que el Sr. Nick no querÃa más que ganar tiempo; asà es que, dirigiéndose al indio, le dijo que, de seguro, el descendiente de los Sagamores no pensaba en sustraerse a los deberes que le imponÃa su nacimiento, pero que necesitaba algunos dÃas, tal vez algunas semanas, para arreglar sus negocios en Montreal, y que, por lo tanto, no convenÃa apremiarle.
—Esto es obrar con cordura, —respondió el hurón—; y puesto que mi hermano acepta, reciba, pues, como prenda de su compromiso, el tomahawkdel gran jefe, llamado por el Wacondah para cazar en las felices praderas, y que le coloque en su cintura.
EL Sr. Nick tuvo que tomar el arma favorita de las tribus indias, y completamente aturrullado, no teniendo cinturón, se lo colocó en el hombro de un modo lastimoso.