Familia sin nombre
Familia sin nombre Tomás Harcher no tenía más que añadir unos cincuenta cubiertos a la mesa; pero esto no ofrecía inconveniente alguno, porque la sala era tan vasta, que bastaba y aún sobraba para contener ese aumento de convidados.
El Sr. Nick, no pudiendo evitarle, tuvo que resignarse y recibir el abrazo de los guerreros de su tribu, que de buena gana hubiera enviado a todos los demonios.
Al anochecer, muchachos y muchachas se pusieron a bailar toda suerte de gigues, como se decía entonces en el Canadá, y en particular los corros, acompañados de este alegre estribillo:
Al anochecer, muchachos y muchachas se pusieron a bailar.
Bailemos en redondo,
dondo, dondo;
bailemos en redondo;
Y también los scotch—reels, de origen escocés, tan en boga a principios del siglo.
Y de este modo terminó el segundo día de fiesta en el cortijo de Chipogán.