Familia sin nombre
Familia sin nombre Merced a la feliz disposición de espíritu en que se hallaba; el notario no acogió mal la proposición de su joven pasante, aun cuando éste hubiese usado el lenguaje de los indios.
—¡Cómo, Lionel, crees tú!
—Creo, gran jefe, que ha llegado el momento de que toméis la palabra para felicitar a los recién casados.
—Puesto que ése es tu parecer; —respondió el Sr. Nick—, voy a ensayar.
Y el excelente hombre, levantándose, reclamó silencio con un gesto lleno de dignidad hurona.
El orden se restableció en seguida.
—Jóvenes esposos, —dijo—; un antiguo amigo de vuestra familia no puede separarse de vosotros sin expresaron su agradecimiento por…
De repente el notario se detuvo; la frase empezada quedó en suspenso: sus miradas, que denotaban una profunda sorpresa, estaban fijas en la puerta. Un hombre se hallaba de pie en el umbral, sin que nadie hubiera advertido su presencia.
El Sr. Nick acababa de conocer a aquel hombre, y exclamaba con un acento en que la sorpresa se mezclaba a la inquietud:
—¡El Sr. Rip aquí!