Familia sin nombre
Familia sin nombre Eran las cinco de la tarde, y aun cuando las lámparas no se hubiesen encendido todavÃa, era aún de dÃa en el interior de la sala.
En un instante Rip recorrió con la mirada todos los asistentes, sin que Juan Sin Nombre llamara más particularmente su atención que los demás convidados reunidos en la sala.
Sin embargo, Tomás Harcher, viendo el patio invadido por fuerza armada, es levantó, y encarándose con Rip:
—¿Quién sois? —le preguntó.
—Un agente de policÃa, encargado de una misión por el Ministro del ramo, —respondió Rip.
—¿Qué venÃs a hacer aquÃ?
—Vais a saberlo. ¿No sois Tomás Harcher, de Chipogán, arrendatario del señor de Vaudreuil?
—El mismo soy, y os pregunto que con qué derecho habéis invadido mi casa.
—Con el que me confiere una orden que me han dado, pues vengo a proceder a una detención.
—¡Una detención…! —exclamó el cortijero—: ¡una detención en mi casa…! ¿Y a quién venÃs a prender?
—A un hombre cuya cabeza ha sido pregonada por orden del Gobernador general, y que se halla aquÃ.
—¿Cómo se llama?