Familia sin nombre
Familia sin nombre —En efecto, mi General. Nadie sabe quién es, ni de dónde viene, ni adónde va. Ha figurado, casi invisible, en las últimas insurrecciones, asà es que no hay duda de que Papineau, Viger, Lacoste, Vaudreuil, Farran, Gramont y todos los demás jefes cuentan con su intervención en el momento, preciso. Ese Juan Sin Nombre es casi un ser sobrenatural para los distritos del San Lorenzo, más arriba de Montreal lo mismo que más abajo de Quebec; y si se puede tener fe en la leyenda, ese hombre posee todo cuanto se necesita para arrastrar en pos de sÃ, lo mismo a los habitantes de las ciudades que a los del campo; es decir, una audacia extraordinaria y un valor a toda prueba. Además, os lo he dicho ya, lo que lo da más fuerza es el misterio, lo desconocido.
—¿Creéis cierto que ha venido hace poco a Quebec? —preguntó lord Gosford.
—Los informes de la policÃa lo hacen suponer por lo menos, —respondió Gilberto Argall—, y por este motivo he puesto en campaña a uno de mis agentes que ha dado ya muchas pruebas de actividad y de astucia; ese Rip que desplegó tanta inteligencia en el asunto de Simón Morgaz.
—¡Simón Morgaz! —dijo sir John Colborne—: ¿el que en 1825 entregó a precio de oro y con tanta oportunidad, a sus cómplices en la conspiración de Chambly…?
—El mismo.