Familia sin nombre
Familia sin nombre —¿Y se sabe lo que ha sido de él?
—Nada, —respondió Gilberto Argall—, sino que, rechazado por todos los de su raza, por todos los franco-canadienses a quienes habÃa hecho traición, desapareció. Puede ser que haya abandonado el Nuevo Continente o que haya muerto…
—Pues bien; ese medio, que tuvo tan buen éxito con Simón Morgaz, ¿no podrÃa emplearse de nuevo con alguno de los jefes reformistas? —preguntó sir John Colborne.
—No lo creo posible, —respondió lord Gosford—; tan buenos patriotas (pues es menester confesar que lo son) no pueden dejarse seducir por el dinero. Que se declaren enemigos de la influencia inglesa y sueñen para el Canadá con la independencia que los Estados Unidos han conquistado sobre Inglaterra, es desgraciadamente una gran verdad. Pero esperar poderlos comprar, decidirlos a que sean traidores con promesas de dinero o de honores, jamás sucederá asÃ; tengo la firme convicción que no encontraréis entre ellos uno sólo que sea capaz de vender a los demás.
—Lo mismo se decÃa de Simón Morgaz, —respondió con ironÃa sir John Colborne—; sin embargo, entregó a sus compañeros. ¡Y quién sabe si precisamente ese Juan Sin Nombre, de quien habláis, no se dejarÃa comprar!