Familia sin nombre
Familia sin nombre Éste era un joven de mirada ardiente y apasionada, que, subiendo al pedestal de la columna, dominó a la muchedumbre. En su mano ondeaba la bandera de la independencia canadiense. Algunos le conocieron; pero antes que nadie el abogado Gramont lanzó su nombre al aire, y todos los concurrentes lo repitieron en medio de frenéticos aplausos:
¡Juan Sin Nombre…! ¡Juan Sin Nombre!
El joven, que acababa de dejar Casa Cerrada, se mostraba en público por primera vez desde la sublevación de 1835, y el entusiasmo fue indescriptible. Después de unir su nombre a los de los que protestaban, desapareció… Mas se le había visto, y el efecto producido fue inmenso.
Estos incidentes ocurridos en San Carlos fueron en seguida conocidos en todo el Canadá. Otros meetings se celebraron en la mayor parte de las parroquias del distrito, y en vano fue que el obispo de Montreal, monseñor Lartigues, procurase calmar los espíritus por medio de una pastoral llena de moderación evangélica: la explosión estaba ya cercana.