Familia sin nombre
Familia sin nombre —¡Juan Sin Nombre! —repitió Viger corriendo hacia su compañero.
Y de repente estallaron, con una irresistible alegrÃa, gritos de indecible entusiasmo.
En el momento en que el oficial daba orden de apoderarse de Juan Sin Nombre, fue derribado del caballo por un vigoroso canadiense que habÃa salido al camino, mientras que los demás, ocultos entre el follaje, aguardaban las órdenes de Viger, órdenes que éste multiplicaba con voz de trueno, como si hubiera dispuesto de un centenar de combatientes. Durante aquel tiempo, Juan se aproximó al coche, rodeado por algunos de sus partidarios, tan decididos a defenderla como a libertar a los señores Demaray y Davignon.
—¡Alto! ¡Entregadnos a los prisioneros!…
Pero, después de levantarse, el oficial mandó hacer fuego, y seis o siete tiros sonaron a la vez. Viger recibió dos balas que le hirieron, pero no mortalmente, pues la una le rozó una pierna y la otra le llevó la última falange del dedo meñique, lo que no le impidió disparar un pistoletazo, que alcanzó en la rodilla al jefe de la escolta.