Familia sin nombre
Familia sin nombre —Nada tenemos que hacer aquÃ, —dijo el desconocido—, cuando estas amenazas llegaron a sus oÃdos. Venid…
—¿Adónde? —preguntó Viger.
—A dos millas de Longueuil, —respondió—. No demos pretexto a los tiranos para que se entreguen a las represalias; no nos conviene por ahora.
—¡Partamos! —dijo Viger.
Y ambos emprendieron la marcha por los atajos, seguidos de sus compañeros. Al llegar cerca de la granja de Trudeau, se apostaron en un campo, cercano. Ya era tiempo, pues una nube de polvo que se levantaba a un cuarto de milla, anunciaba la aproximación de los prisioneros y de su escolta.
El coche llegó, y en seguida Viger, avanzando hacia el jefe de la escolta:
—¡Alto! —dijo—. ¡Entregadnos a los prisioneros, en nombre del pueblo!
—¡A mÃ! —gritó el oficial dirigiéndose a su tropa—. ¡Pronto!
—¡Alto! —repitió el desconocido.
De repente un hombre se abalanzó para prenderle; era un agente de la casa Rip y CompañÃa, uno de los que se habÃan hallado en la refriega de Chipogán.
—¡Juan Sin Nombre! —exclamó cuando estuvo frente por frente del joven proscrito…