Familia sin nombre
Familia sin nombre Uno de los más atrevidos partidarios de la causa nacional, representante del condado de Chambly, L. M. Viger, «el hermoso Viger» como se lo llamaba en las filas de los insurrectos, fue avisado del arresto de sus dos amigos, y el hombre que fue a darle la noticia le era desconocido.
—¿Quién sois? —le preguntó.
—Poco importa eso, —le respondió este hombre—. Los prisioneros, encerrados en un coche, van a atravesar la parroquia de Longueuil, y es preciso libertarlos.
—¿Estáis solo?
—Mis amigos me esperan.
—¿En dónde nos reuniremos con ellos?
—En el camino.
—Vamos, pues.
Y asà lo hicieron. Los partidarios no faltaron ni a Viger ni a su compañero. Llegaron a la entrada de Longueuil, seguidos de buen número de patriotas que se apostaron a cierta distancia del pueblo; pero habiéndolo sabido el Gobierno, un grueso destacamento de tropa acudió para apoyar a la caballerÃa que escoltaba el coche, y el jefe de la fuerza hizo saber a los habitantes del pueblo que si se unÃan a Viger, la población serÃa entregada a las llamas.