Familia sin nombre

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Y así lo hizo, no obstante el pesar que semejante proceder le producía. La noche entera la pasaron los patriotas fundiendo balas, arreglando municiones y pertrechándose para la guerra.

El hijo del doctor Nelson, sus compañeros, el señor de Vaudreuil y demás amigos, trabajaron también sin descanso; pero desgraciadamente el armamento dejaba mucho que desear, pues los fusiles, sobre ser escasos en número, eran de chispa, marraban muchas veces, y su alcance no pasaba más allá de un centenar de pasos.

Nuestros lectores no habrán olvidado que Juan, durante sus correrías por el San Lorenzo, había distribuido armas y municiones por todas partes, y que como cada uno de los condados hubo de recibir su contingente en previsión de un alzamiento general, no hicieron depósito de ellas en un punto determinado; cosa que hubiera sido conveniente en San Carlos y en San Dionisio, si hubieran podido prever que era allí donde iba a producirse el primer choque.

Mientras tanto, el coronel Gore avanzaba en medio de aquella noche fría, y un poco antes de llegar a San Dionisio, dos canadienses franceses que cayeron en sus manos le dijeron que los insurrectos no le dejarían atravesar la parroquia, pues lucharían hasta morir.


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