Familia sin nombre
Familia sin nombre El coronel, sin dar un instante de tregua a sus soldados, los arengó diciéndoles que la nación inglesa los miraba, que el honor Militar exigÃa batirse con denuedo, que no tenÃan que esperar cuartel de los sublevados; y hecho esto, los dividió en tres columnas, colocando una en un bosquecillo que se hallaba al Este del pueblo, otra en la orilla del rÃo, mientras que la tercera, arrastrando consigo su único cañón, continuó su marcha por la carretera.
A las seis de la mañana el doctor Nelson, los señores Vicente Hodge y Vaudreuil montaron a caballo para hacer un reconocimiento por el camino de Saint-Ours. La oscuridad era tanta, que faltó muy poco para que los tres cayesen en poder de la vanguardia enemiga.
Retrocedieron inmediatamente, y al entrar en San Dionisio dieron orden de cortar los puentes y de repicar las campanas, para que los patriotas se reunieran, sin perder tiempo, en la plaza.
¡Cuántos eran! A lo sumo setecientos u ochocientos, pocos en número y mal armados, pues mientras unos llevaban fusiles, otros empuñaban hoces, horquillas y picas; pero todos absolutamente decididos a perder la vida antes que permitir la entrada a los soldados del coronel Gore.