Familia sin nombre
Familia sin nombre Dos horas después el señor de Vaudreuil, si bien no habÃa abierto aún los ojos, dejó escapar algunas palabras; y era evidente que sólo el recuerdo de su hija lo hacÃa sostener la vida. La llamaba, tal vez para que le cuidase, o porque se acordase de los peligros que la amenazaban en San Dionisio.
Bridget, teniendo cogida la mano del enfermo, le escuchaba, y Juan, de pie a su lado, procurando impedir que por un brusco movimiento el señor de Vaudreuil hiciera que la herida se abriese de nuevo, escuchaba también al mismo tiempo sus palabras entrecortadas por suspiros, temiendo que revelase lo que su madre no debÃa oÃr.
El herido articuló un nombre, en medio de frases incoherentes.
Era el de Clary.
—¡Este desgraciado tiene, pues, una hija! —murmuró Bridget mirando a Juan.
—Sin duda… madre mÃa.
—¡Y pregunta por ella…! ¡No quiere morir sin verla…! Si su hija se encontrase a su lado, estarÃa más tranquilo… ¿En dónde se halla…? ¿No podrÃamos buscarla y traerla aquà en secreto?
—¡A ella! —exclamó Juan.
—SÃ… Su sitio se halla al lado de su padre que la llama y que se está muriendo…