Familia sin nombre
Familia sin nombre DOCE AÑOS ANTES
¡Simón Morgaz! ¡Nombre aborrecido hasta en las humildes aldeas de las provincias canadienses! ¡Nombre entregado a la execración pública! Un Simón Morgaz es el traidor que entrega a sus hermanos y vende a su patria.
Y esto se comprende, sobre todo en aquella Nueva Francia, que no ignora ya ahora cuan implacable es el odio que merece el crimen de lesa patria.
En 1825, doce años antes de la insurrección de 1837, algunos franco-canadienses habían sentado las bases de una conspiración cuyo objeto era libertar el Canadá de la dominación inglesa, que les era tan pesada.
Hombres audaces, activos, enérgicos, en buena posición, y siendo hijos, la mayor parte de ellos, de los primeros emigrantes que habían fundado Nueva Francia, no podían habituarse al pensamiento de que fuera definitivo el abandono de su colonia en provecho de Inglaterra. Admitiendo que el país no pudiera volver a manos de los nietos de los Cartier o de los Champlain, que lo habían descubierto en el siglo XVI, ¿no tenía el derecho de ser independiente? Sí; y para conquistar tal independencia era por lo que aquellos patriotas iban a jugarse la cabeza.