Familia sin nombre
Familia sin nombre El camino formaba recodo en aquel sitio, y poco más allá estaba Casa Cerrada.
Clary y Bridget llegaron hasta la vuelta.
No era la morada que daba asilo al señor de Vaudreuil la que ardÃa; era un cortijo situado a la derecha del pueblo, y cuyas llamas reflejaban en el cielo.
—¡AllÃ… es allÃ! —exclamó Bridget—, señalando su casa con temblorosa mano.
Algunos minutos más, y ambas encontraban su anhelado refugio.
Pero en aquel momento un grupo de tres hombres apareció en el camino; eran tres voluntarios que se tambaleaban, ebrios de aguardiente y manchadas las ropas de sangre.
Clary y Bridget quisieron evitar su encuentro; pero era demasiado tarde.
Habiéndolas divisado los voluntarios, se precipitaron sobre ellas. Todo habÃa que temer de aquellos miserables, uno de los cuales se apoderó de la joven, procurando arrastrarla consigo, mientras que los demás detenÃan a Bridget.
De repente, un hombre saltó de entre las breñas a la izquierda de la carretera, y, con un garrote en la mano, de un fuerte golpe tendió en tierra al miserable que maltrataba a la joven.
—¡Clary de Vaudreuil! —exclamó después, reconociendo a la joven.