Familia sin nombre
Familia sin nombre —Es preciso que asà lo hagáis, Clary de Vaudreuil, —respondió Bridget—; y cuando estéis ya en seguridad, mi hijo vendrá a buscarme… me llevará en brazos, como lo ha hecho con vuestro padre.
—Os lo ruego, procurad andar, señora Bridget.
Ésta consiguió ponerse en pie, pero a duras penas podÃa arrastrarse; sin embargo, anduvieron asà una milla.
Entonces una leve claridad empezó a dibujarse en el horizonte en dirección a San Carlos. ¿SerÃa ya el alba, y no podrÃan llegar a Casa Cerrada antes que fuera de dÃa?
—¡Partid! —murmuró Bridget—. ¡Partid sin demora, Clary de Vaudreuil…!
—¡Dejadme aquÃ…!
—No es el alba… —respondió la joven—; son apenas las cuatro… Debe de ser el reflejo de un incendio.
Clary no concluyó la frase, pues el mismo pensamiento acudió a la mente de ambas mujeres. ¿Será quizás que Casa Cerrada esté envuelta en llamas, que el asilo del señor de Vaudreuil haya sido descubierto, y que él y Juan se vean en poder de los soldados de Witherall, si no han muerto defendiéndose?
Este temor produjo en Bridget un supremo esfuerzo de energÃa, y Clary y ella, apresurando el paso, se acercaron a San Carlos.