Familia sin nombre
Familia sin nombre A las tres de la madrugada aún les quedaba que andar dos millas para llegar a Casa Cerrada.
En aquel momento Bridget, agotadas sus fuerzas, se dejó caer al suelo.
Clary quiso levantarla.
—Dejad que os ayude, —dijo a la anciana—; apoyaos en mi brazo… no debemos ya estar muy lejos…
—Una hora de marcha todavÃa, —respondió Bridget—; jamás podré…
—Descansad algunos minutos; después marcharemos otra vez… os apoyaréis en mÃ… no temáis cansarme, no… soy fuerte…
—¡Fuerte…! ¡Pobre niña…! ¡Bien pronto caerÃais también!
Bridget sé incorporó sobre las rodillas.
—Escuchadme, —dijo—; procuraré dar aún algunos pasos; pero si caigo de nuevo, me dejaréis sola…
—¡Dejaros sola…! —exclamó Clary.
—SÃ. Lo necesario es que esta misma noche os halléis al lado de vuestro padre… El camino es recto… Casa Cerrada es el primer edificio que encontraréis en la carretera antes de llegar a la población… Llamaréis a la puerta… diréis vuestro nombre, y Juan os abrirá en seguida.
—No quiero abandonaros en tal estado, —repuso la joven—. No iré sin que me acompañéis.