Familia sin nombre
Familia sin nombre ¿Acaso los soldados y los voluntarios perseguían aún a aquellos desgraciados que huían de su pueblo, entregado a las llamas, buscando en los campos un abrigo que no hallaban en San Carlos? ¿O era que la columna de Whiterall estaba ya en marcha para sorprender ala luz del alba a los patriotas que huían?
No; eran otros fugitivos que erraban por aquellas tierras, y muchos de ellos hubieran perecido durante aquella noche, si algunas alquerías no hubiesen abierto sus puertas para recibirlos.
Clary, con el corazón angustiado, presenciaba tales horrores; pero, sin embargo, allá en el fondo de su alma no quería desesperar aún del triunfo de la independencia nacional, en cuyas aras su padre acababa de verter su sangre, y por cuya defensa se encontraba quizás próximo a exhalar su último suspiro.
Cuando el camino quedaba libre; ambas mujeres se ponían de nuevo en marcha, y durante hora y media anduvieron contrariadas por tan difíciles circunstancias. A medida que avanzaban hacia San Carlos, los encuentros con los que huían eran menos frecuentes, pues todos cuantos habían podido escapar estaban ya cerca de San Dionisio, o dispersos por los condados de Verchères y de San Jacinto.
Lo que más tenían que temer en los alrededores de San Carlos eran las patrullas de voluntarios, cuya presencia convenía evitar.