Familia sin nombre
Familia sin nombre —¡Huid…!, ¡huid! —exclamó Vicente Hodge. Ya sabré yo escaparme.
De un garrotazo tendió en tierra al miserable.
Bridget y Clary echaron a correr cuanto se lo permitieron sus agotadas fuerzas, mientras que el joven, tan resuelto como vigoroso, derribaba a sus agresores, a quienes la embriaguez hacia menos temibles; y cuando los vio en tierra, y antes de que los voluntarios llegasen al lado de sus compañeros, saltó como un corzo por entre los matorrales, en medio de los tiros que le dirigieron sin alcanzarle.
Algunos instantes después, Bridget llamaba ala puerta de Casa Cerrada, que se abrió sin tardanza para dar paso a Clary y a la pobre madre, quien cayó desfallecida en los brazos de su hijo.