Familia sin nombre
Familia sin nombre LOS OCHO DĂŤAS SIGUIENTES
Casa Cerrada ofrecĂa, pues, un asilo efĂmero, quizás el señor de Vaudreuil y a su hija. Ambos se hallaban bajo el mismo techo que la «Familia Sin Nombre», al lado de la mujer y del hijo del traidor; y si aquĂ©llos, ignoraban los lazos que unĂan con SimĂłn Morgaz a la anciana y al joven que arriesgaban su vida por darles hospitalidad, Bridget y Juan no lo olvidaban un solo instante; y lo que más temĂan era que una desgraciada casualidad descubriera tan vergonzoso secreto a sus huĂ©spedes.
Durante la mañana de aquel mismo dĂa, 26 de Noviembre, el señor de Vaudreuil recuperĂł algo el conocimiento.
Tal vez la voz de su hija, sacándole del amodorramiento, le hizo abrir los ojos.
—¡Clary! —murmuró.
—SĂ, padre mĂo… yo soy, —respondiĂł la joven—, estoy a vuestro lado… No me moverĂ© ya de aquĂ.
Juan estaba da pie al lado de la cama, oculto en la sombra, como si hubiera querido que no le viesen; sin embargo, las miradas del herido se fijaron en él, y sus labios dejaron escapar estas palabras:
—¡Juan…! ¡Ah…! ¡Ya recuerdo!