Familia sin nombre
Familia sin nombre Después, al ver a Bridget que se inclinaba hacia su cabecera, pareció preguntar quién era aquella mujer.
—Es mi madre, —respondióle Juan—. Estáis en casa de mi madre; sellar de Vaudreuil, y sus cuidados y los de vuestra hija no os faltarán…
—¡Sus cuidados…! —repitió el enfermo con voz débil—. ¡Si… ya me acuerdo… herido… vencido… mis compañeros huidos… muertos tal vez! ¡Ah! ¡Mi pobre paÃs… mi pobre paÃs… más que nunca entregado a la tiranÃa de sus opresores!
El señor de Vaudreuil dejó caer, de nuevo la cabeza. Y sus ojos se cerraron otra vez.
—¡Padre mÃo! —exclamó Clary arrodillándose—; y al cogerle la mano, sintió una ligera presión responder a la suya.
Juan dijo:
—SerÃa, necesario que un médico viniera aquÃ. ¿Pero en dónde encontrarle? ¿A quién dirigirnos en una comarca ocupada por los realistas? Puede ser que en Montreal… sÃ, sólo allà es posible. Indicadme cual es el médico que posee vuestra confianza, e iré a buscarle.
—¿A Montreal? —preguntó Bridget.
—Es preciso, madre mÃa. Bien vale la vida del señor de Vaudreuil que yo arriesgue la mÃa…