Familia sin nombre
Familia sin nombre —No es por ti por quien temo, Juan; pero yendo a Montreal puedes ser espiado, y si se sospecha que el Señor de Vaudreuil está aquÃ, es perdido.
—¡Perdido! —murmuró Clary.
—¿Y no lo está con más seguridad si le faltan inteligentes cuidados? —repuso Juan.
—Si la herida es mortal, nadie es capaz de curarlo; si no lo es, Dios nos concederá su salvación a su hija y a mÃ. Su herida proviene de un sablazo, que no ha hecho más que desgarrar las carnes, y el señor de Vaudreuil está debilitado, a mi parecer, por la mucha sangre que ha perdido. Bastará, según creo, aplicarle paños de agua fresca para la cicatrización, que obtendremos con el tiempo. Créeme, hijo mÃo; nuestro huésped está relativamente en seguridad aquÃ, y mientras podamos evitarlo, importa que nadie conozca el sitio de su retiro.
Bridget hablaba con una confianza tal, que tuvo por primer efecto devolver a Clary alguna esperanza. Lo que se hacÃa necesario antes que todo era que ningún extraño entrase en Casa Cerrada; peligraba por ello la vida de Juan Sin Nombre y más aún, la del señor de Vaudreuil. En efecto, a la menor alarma, si bien Juan podÃa huir a través de los bosques, del condado, y pasar la frontera americana, el herido estaba imposibilitado de hacerlo.