Familia sin nombre
Familia sin nombre Al día siguiente de la llegada de Clary, el estado del enfermo justificó la confianza que había inspirado a Bridget.
Desde que la hemorragia había podido ser detenida, el señor de Vaudreuil estaba, si bien muy débil, en posesión de todo su conocimiento. Lo que más necesitaba era tranquilidad moral, y ésa no le faltaría teniendo al lado a su hija; podría entregarse al sosiego que se gozaba en aquella morada, máxime cuando los soldados de Witherall no tardarían en marcharse de San Carlos para recorrer el condado, librando así la comarca de su odiosa presencia.
Bridget tomó ciertas disposiciones para instalar a sus huéspedes con alguna más comodidad en su estrecha morada. El señor de Vaudreuil ocupaba la habitación reservada a Joann o a Juan cuando iban a pasar la noche a Casa Cerrada.
La otra habitación, la de Bridget, fue destinada a Clary, y ambas mujeres velarían alternativamente a la cabecera del enfermo.
En cuanto a Juan, no había por qué inquietarse, ni tampoco por su hermano, aun cuando por efecto de los últimos acontecimientos el abate Joann se atreviese a ir a ver a su madre. Un rincón de la casa bastaba para ambos.