Familia sin nombre
Familia sin nombre A San Dionisio, decían ellas, ha ido Juan a reunirse con sus compañeros para reorganizar la insurrección. ¿Y serán, se preguntaban, bastante numerosos para resistir a los realistas? Si desgraciadamente no es así, se verán, de seguro, vencidos; y una vez entrados los vencedores en la vía de las represalias, ¿no perseguirán a aquéllos sin darles cuartel? ¿No llegarían a proceder a minuciosas pesquisas en los pueblos; ciudades y cortijos de los condados más particularmente comprometidos en la última sublevación? Especialmente San Carlos, ¿no sería sometido a las más rigurosas medidas, tomadas por la policía, y cuyas consecuencias podrían ser muy graves para nosotros? ¿Qué será entonces del señor de Vaudreuil, decía la madre de Juan, en la imposibilidad de ser transportado hasta la frontera americana?
Bridget y Clary pasaron la velada en un continuo sobresalto, pues las noticias que llegaban de San Dionisio eran aterradoras.
El coronel Gore había encontrado la población completamente abandonada; pues sus defensores, ante la eventualidad de una lucha tan desigual, habían decidido batirse en retirada, y los moradores del pueblo huyeron por medio de los bosques, y atravesando el Richelieu, buscaron un asilo en las próximas parroquias. Lo que pasó en San Dionisio, entregado por completo a la soldadesca, si bien los fugitivos no lo sabían, era por demás fácil de imaginar.