Familia sin nombre

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Cerrada por completo la noche, Bridget y Clary fueron, como de costumbre; a sentarse a la cabecera de la cama del señor de Vaudreuil, Y varias veces hubo que explicarle el por qué las Calles de San Carlos, por lo regular tan silenciosas, se llenaban ahora de ruido; Clary se ingeniaba cuanto podía para dar a aquellos rumores un motivo que no alarmase a su padre, pero su pensamiento, volando al encuentro de los patriotas, quería indagar si la causa de la independencia había o no recibido un golpe mortal, y si Juan y sus parciales se habían visto obligados a pasar la frontera o habían caído en poder de los realistas. Y sobre todo él, Juan, ¿habría, podido huir, habría procurado llegar a Casa Cerrada?

La ansiedad que experimentaban las dos, era indescriptible. La joven tenía el presentimiento de que así sucedería, y en ese caso se haría imposible ocultar al señor de Vaudreuil la derrota de los liberales.

Bridget también lo temía, y ambas absortas en el mismo sentir, se comprendían sin pronunciar una palabra.

A eso de las once y media, tres golpes dados en la puerta de Casa Cerrada las sacó de la abstracción en que se hallaban.

—¡Él! —exclamó la joven.

Bridget conoció la señal. Sí: era en efecto, uno de sus hijos el que de tal modo llamaba.


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