Familia sin nombre
Familia sin nombre Pero Juan, sí la conoció; aquel hombre que hablaba era su tenaz perseguidor, era Rip; y si no se lo dijo a su madre, fue por no recordarle el pasado, tan doloroso para ambos.
Por fin el silencio se restableció en la carretera; los agentes de policía se fueron hacia San Carlos, sin sospechar siquiera que el agitador canadiense hubiera podido refugiarse en Casa Cerrada.
Entonces Juan se volvió hacia su madre y Clary, inmóviles en la sombra del pasillo.
En este instante, y antes de que Bridget pudiera interrogar a su hijo, el señor de Vaudreuil, que había comprendido de lo que se trataba, exclamó en alta voz:
—¡Juan! ¿Sois vos?
Al oírle, todos se dirigieron a la habitación del enfermo, y; profundamente conmovidos, se sentaron a su lado.
—Tengo la suficiente fuerza para saber cuanto ocurre, por desagradable que sea, —dijo el señor de Vaudreuil—; no me ocultéis nada así lo quiero.
—Todo lo sabréis, —respondió Juan.
Y empezó el siguiente relato: