Familia sin nombre
Familia sin nombre Lo que por desgracia aparecía como demasiado cierto era que Juan Sin Nombre había sido visto por Rip y por sus argentes, y que si bien se les había escapado, podían creer, ron algún viso de verdad; que se hubiera refugiado en San Carlos, y en este caso es seguro que harían todo cuanto estuviera de su parte para descubrir su retiro. La situación era por demás comprometida y hacíase necesario a todo trance que no solamente Juan, sino también el señor de Vaudreuil y su hija, abandonasen Casa Cerrada.
En suma: la huida no era imposible, siempre que Bridget pudiera procurarse un vehículo y que el enfermo estuviera en estado de soportar el viaje; pues si su debilidad fuese tal que no le permitiese llegar hasta la frontera, era indudable que encontraría un asilo seguro en cualquiera granja del condado de San Jacinto.
Juan al fin consiguió, con la ayuda de su madre, convencer al señor de Vaudreuil y a su hija. Desgraciadamente no podía pensarse en partir aquella misma noche, puesto que era preciso que Bridget adquiriese un medio cualquiera de transporte; quedando, por lo tanto, aplazada la partida para la noche siguiente.
Llegó el día: Bridget pensó que era mejor obrar francamente, porque nadie se admiraría de que hubiese decidido abandonar el pueblo, que buen número de habitantes había dejado ya.