Familia sin nombre
Familia sin nombre —Os suplico que me escuchéis, —repuso Juan—. Todo cuanto pueda yo hacer en pro de nuestra causa, lo haré; pero ahora se trata de vos; señor de Vaudreuil, tal vez sea posible que podáis llegar a los Estados Unidos, de donde no nos separan más que algunas millas; y una vez fuera del condado de San Jacinto, estarÃais en seguridad. Bien sé que las fuerzas os faltan para andar, aun cuando estuviera yo aquà para sosteneros; pero en un carro, acostado sobre un colchón, podéis soportar ese viaje. Pues bien: que mi madre procure tener un carro con cualquier pretexto, o por lo menos que lo ensaye, y en la próxima noche vos, vuestra hija, mi madre y yo abandonaremos esta morada, pudiendo estar fuera de alcance antes de que los soldados de Gore hayan venido a San Carlos, para hacer aquà lo que han hecho en San Dionisio: un montón de ruinas.
El proyecto de Juan era digno de ser tomado en consideración, pues a algunas millas al Sur del condado el señor de Vaudreuil hallarÃa la seguridad que no le ofrecerÃa Casa Cerrada en el caso de que los realistas invadiesen el pueblo.