Familia sin nombre
Familia sin nombre El joven abogado era franco-canadiense de nacimiento, circunstancia que debía tener en cuenta el mayor Allen, que con seguridad no hubiera concedido la mano de su hija al descendiente de una familia inglesa.
Aun cuando Simón Morgaz no poseía bienes de fortuna, con la parte que tenía Bridget de la herencia de su madre podían vivir, si no en la abundancia, por lo menos con decencia y sin temor a las privaciones.
El casamiento se efectuó en Albany en el año 1806.
La situación de los recién casados hubiera podido ser feliz, y, sin embargo, no sucedió así; no porque Simón Morgaz tratara mal a su esposa, pues experimentó siempre para ella una sincera afección, sino porque le devoraba la pasión del juego. El patrimonio de Bridget fue disipado en pocos años y si bien Morgaz era considerado como buen abogado, su trabajo no bastó a reparar las mermas hechas en su fortuna; su mujer sufrió dignamente las privaciones ocasionadas por la conducta de su marido, a quien no dirigió ningún reproche. Dióle consejos; más ineficaces éstos, arrostró con resignación y con valor el porvenir que se presentaba con muy sombríos colores.