Familia sin nombre
Familia sin nombre No era para ella sola para quien tenía que temer, pues durante los primeros años de su matrimonio tuvo dos hijos, a los que dieron el mismo nombre de pila, ligeramente modificado, recordando de este modo su origen francés y americano.
El mayor, Joann, había nacido en 1807; el menor, Juan, en 1808.
Bridget se consagró por entero a la educación de sus hijos; tarea tan dulce para una madre, y que la distraía de sus penas.
Joann era de carácter dulce, y su hermano de temperamento muy vivo; mas ambos ocultaban bajo la dulzura y la viveza una gran energía. Poseían el espíritu serio de su madre, el gusto al trabajo y la rectitud en mirar las cosas, que faltaba a Simón Morgaz. Tenían para con su padre una actitud siempre respetuosa, pero nada de ese abandono natural ni de esa confianza sin reserva, que es la esencia misma de la atracción de la sangre. En cambio experimentaban hacia su madre una adhesión sin límites y un afecto que no desbordaba de sus juveniles corazones sino para llenar el de Bridget.
Madre o hijos estaban unidos por el doble lazo del amor filial y del amor materno, que nada podría romper jamás.