Familia sin nombre
Familia sin nombre De todo esto resultaba que el pasante se hubiera considerado como el más feliz de los mortales si su principal no hubiera rehusado obstinadamente hasta entonces realizar sus más ardientes deseos. El señor Nick no habÃa querido aún revestirse con el ropaje de los Mahogannis, cosa que desesperaba a Lionel, que tantas ganas tenÃa de verle con el traje de hurón; es decir, con mocasines en los pies, plumas rectas, en la cabeza y capa de colores muy vivos, en los hombros.
Varias veces el muchacho, habló de ello con el Notario, pero sin ningún éxito; sin embargo, no se desanimaba por tan poco, y volvÃa a la carga a la primera ocasión.
—Ya llegará a hacerlo, —se decÃa—; no le dejaré reinar con su traje de Notario, pues con su larga levita, su chaleco de terciopelo y su corbata blanca, ¿qué parece? No ha perdido todavÃa las antiguas costumbres; pero ¡a fe de Lionel!, es preciso que las pierda. Cuando abre la boca ante la Asamblea de Notables de la tribu, siempre me parece que va a decir:
«Ante nos, Nick, notario en Montreal, y su colega…». Esto no puede durar asÃ. Quiero que vista el traje de los guerreros indÃgenas; y si para ello no es preciso más que una ocasión, ya sabré yo hacerla surgir. Entonces fue cuando se presentó al espÃritu de Lionel una idea muy sencilla.