Familia sin nombre
Familia sin nombre La palma se apoderó por fin de aquel corazón, tan profundamente herido, y, con la sangre fría recuperó su enérgico carácter, que ninguna debilidad amenguaría en lo sucesivo.
El joven patriota se dirigía apresuradamente hacia la frontera, con el fin de reunirse cuanto antes a sus parciales, para empezar de nuevo su campaña, insurreccional.
A las seis de la mañana, Juan se encontraba a cuatro leguas de San Carlos, cerca de la orilla derecha del San Lorenzo y en los límites del condado de Montreal. Importábale abandonar cuanto antes aquella comarca, que se hallaba invadida por numerosos destacamentos de caballería, e infestada de agentes de policía. Llegar directamente a los Estados Unidos le parecía impracticable, pues para ello tenía que atravesar, en línea oblicua, el condado de Laprairie, no menos vigilado que el de Montreal. Lo mejor, ciertamente, era remontar el curso del San Lorenzo hasta llegar al lago Ontario, y, atravesando los territorios del Este, bajar hasta los primeros pueblos de la frontera.
Juan resolvió seguir este itinerario y proceder con mucha prudencia, porque las dificultades eran grandísimas. Llegar, a pesar de todo, con más o menos retraso, tal fue su programa, que modificaría según las circunstancias.