Familia sin nombre
Familia sin nombre Para un ataque de ese género hubieran sido necesarios preparativos bastante largos, y Joann ignoraba que la sentencia de su hermano habÃa recaÃdo hacÃa dos dÃas, y que la orden de cumplirla podÃa llegar de un momento a otro. El joven sacerdote consideraba esta intentona contra el fuerte Frontenac como un recurso extremo; lo que querÃa, más que nada, era procurar a Juan los medios de evadirse a la mayor brevedad.
—Señor abate, —dijo Lionel—: ¿tenéis alguna esperanza de ver a vuestro hermano?
—No podrán rehusar la entrada en el fuerte a un ministro del Señor que va a ofrecer los consuelos de la religión a un prisionero amenazado de pena capital.
—¡Rehusar serÃa indigno…! ¡SerÃa odioso…! —respondió Lionel—. ¡No, no rehusarán…! Id, pues, señor abate… Esperaré con paciencia vuestra vuelta.
Joann apretó la mano del joven, y desapareció por el lindero del bosque.
En menos de un cuarto de hora llegó la poterna del fuerte Frontenac.