Familia sin nombre
Familia sin nombre Pero la atención toda del comandante estaba fija en aquella carta sellada con las armas de Gosford, y cuyo sello acababa, de romper bruscamente.
La leyó, y después, volviéndose hacia el sargento, dijo:
—Conducid a este sacerdote a la prisión de Juan Sin Nombre, dejadle solo con el reo, y cuando pida salir, le llevaréis hasta la poterna.
Aquella carta era la orden de ejecución que el Gobernador general acababa de enviar a Frontenac.
Juan Sin Nombre no tenía ya más que dos horas de vida.
—Dádmelo pronto, —dijo Sinclair.