Familia sin nombre

Familia sin nombre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

VIII

JOANN Y JUAN

El abate salió del despacho del mayor Sinclair más dueño de sí mismo que cuando entró. La aterradora noticia de la inmediata ejecución de su hermano no quebrantó su valor, pues acababa de concebir un proyecto que presentaba feliz éxito.

Juan no sabía nada respecto a la orden que acababa de llegar de Quebec, y ¡era a él, a Joann, a quien incumbía la dolorosa tarea de comunicársela! ¡Tristísima misión! Pero no, no se lo diría. Le ocultaría que tan terrible sentencia tenía que cumplirse en el término de dos horas, porque era preciso que el joven patriota no lo supiera, si había de dar buen resultado el plan que abrigaba el sacerdote. Y, en efecto, no había que contar ya con una evasión preparada de antemano, ni con un ataque del fuere de Frontenac, porque el reo no podía escapar a la muerte sino con la huida inmediata. Si dentro de dos horas se encontraba todavía en su celda, no saldría de ella más que para morir en plena noche, al pie de las empalizadas.

¿Era realizable el pensamiento del abate? Tal vez, si su hermano se conformaba con él. En todo caso, era el único medio posible en las actuales circunstancias; pero para que Juan aceptara era necesario, lo repetimos, que éste no supiera que el mayor Sinclair acababa de recibir la orden de proceder inmediatamente a la ejecución.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker