Familia sin nombre
Familia sin nombre Joann fue sacado de la prisión y conducido al sitio en que había de ser pasado por las armas.
El Mayor le leyó la sentencia.
El sacerdote nada le dijo.
Y sin embargo habría podido exclamar:
—¡Yo no soy Juan Sin Nombre…! Soy un ministro del Señor, y he tomado su sitio para salvarle.
Y el comandante hubiera tenido que suspender la ejecución, siquiera fuera para poner este incidente en conocimiento del Gobernador general.
Pero Juan estaba todavía demasiado cerca de Frontenac; los soldados podrían perseguirle, le apresarían de nuevo, le fusilarían, y el abate quería que Juan Sin Nombre muriese en el campo de batalla.
Joann no desplegó los labios; se apoyó en la pared, y cayó pronunciando las palabras de «¡madre, hermano, patria!».
Los soldados no le habían conocido vivo, ni le conocieron tampoco muerto. Se le enterró inmediatamente en una fosa abierta fuera del recinto; y el Gobierno hubo de creer que el héroe de la independencia canadiense había muerto bajo el plomo de sus soldados.
Fue la primera víctima ofrecida en expiación del crimen de Simón Morgaz.