Familia sin nombre

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Sin embargo, esa dirección ofrecía el inconveniente de obligar a los fugitivos a pasar por delante del fuerte, pues tenían que retroceder; pero gracias a la mala noche que hacía, y en medio de los torbellinos de nieve, era posible que escaparan a la vista de los centinelas en el momento de atravesar la playa. Ciertamente que si el Ontario no hubiera estado cubierto por los témpanos que el invierno amontona en sus orillas, y si el lago hubiese sido navegable, mejor hubiera sido dirigirse a algún pescador que rápidamente les llevara hasta la embocadura del Niágara; mas esto era impracticable.

Ambos jóvenes marchaban con toda la celeridad de que eran capaces, y estaban a un centenar de pasos de las empalizadas, cuando el ruido de una descarga retumbó en el aire.

No había equivocación posible; fuego de fusilería acababa de estallar en el interior del recinto.

—¡Joann! —exclamó el joven patriota.

Y cayó cómo si fuera él el que había sido herido por las balas de los soldados de Frontenac.

Joann había muerto por su hermano y por su patria.

Así era, en efecto; media hora después de la salida de Juan, el mayor Sinclair, según el tenor del pliego llegado de Quebec, dio orden de que se procediese a la ejecución del reo.


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