Familia sin nombre

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¿Qué hacer, pues, para no perder un tiempo que le era preciso utilizar? Entonces los dos últimos versos de la balada del joven poeta se agolparon a su imaginación, y penetrando en lo interior del bosque, repitió con alguna lentitud:

Nacer contigo, llama loquilla;

morir contigo, fuego fatuo.

Casi en seguida, Lionel, saliendo de un matorral, se lanzaba a su encuentro exclamando:

—¡Vos, señor Juan… Vos aquí!

—Sí, Lionel.

—¿Y el abate Joann?

—¡En mi prisión…! ¡Apresurémonos para llegar pronto a la isla Navy; es preciso que dentro de cuarenta y ocho horas estemos de vuelta con nuestros compañeros para atacar al fuerte de Frontenac!

Juan y Lionel echaron a andar con toda la rapidez que les permitía el temporal, dirigiéndose al Sur para bajar por la orilla del Ontario hasta los territorios del Niágara.

Era éste el camino más corto, y también el itinerario que menos peligros ofrecía, pues a cinco leguas de allí podían atravesar la frontera, hallándose, por consiguiente, al abrigo de toda persecución y siéndoles además fácil llegar con toda prontitud a la isla Navy.


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