Familia sin nombre
Familia sin nombre Hacía algunos años que conocía a Simón Morgaz, con el que había trabado relaciones con motivo de algunas causas judiciales. Ciertas circunstancias, que hubieran pasado inadvertidas para otro cualquiera que no fuese él, le hicieron pensar que el abogado de Montreal debía de estar afiliado en la conspiración.
Se hizo su sombra, lo copió hasta en los secretos de su vida privada y frecuentó su casa, por más que Bridget no disimulaba la antipatía que le inspiraba.
Una carta sustraída en el correo dio bien pronto a Rip la casi certidumbre de la complicidad del abogado.
El ministro de Policía, informado por el agente del resultado de sus indagaciones, le recomendó que obrara con mucha destreza respecto a Simón Morgaz, utilizando la noticia que se tenía de hallarse apurado de recursos metálicos.
Por fin, Rip presentó bruscamente un día a aquel desgraciado estas dos alternativas: ser perseguido como culpable de alta traición, o tomar la enorme suma de cien mil piastras si consentía en entregar el nombre de sus cómplices y los detalles de la conspiración de Chambly.