Familia sin nombre
Familia sin nombre Después de la huida de Juan, comprendiendo Bridget que solamente horror había de inspirar en adelante a sus huéspedes, se retiró a su habitación, llena el alma de dolor y la cabeza de desesperados pensamientos. ¡Qué espantosa noche pasó la infeliz! ¿Ocultaría Clary a su padre lo que acababa de saber? No; le descubriría tan denigrante mancha, y al día siguiente el señor de Vaudreuil no tendría otro afán que el de huir de Casa Cerrada. ¡Sí: huiría; aun a trueque de caer en manos de sus perseguidores, antes que quedarse una hora más bajo el techo de un Morgaz!
Dirigióse al sur de San Jacinto.
Bridget a su vez, también proyectaba la fuga, temerosa de que la reprobación pública le echase de aquella casa y de aquel pueblo, pues las gentes honradas no dan albergue jamás a los traidores. Se iría lejos; muy lejos; pidiendo a Dios la librara cuanto antes de tan odiosa existencia.
Pero al amanecer, la pobre anciana vio a Clary que entraba en su habitación; iba ella a salir para no encontrarse con la joven, cuando ésta la dijo con tono tan triste como afectuoso: