Familia sin nombre
Familia sin nombre Ese nombre ruidosamente pronunciado que completaba el de Juan, hizo palidecer horriblemente a Clary.
—¿Qué tumulto es ése? —preguntó el señor de Vaudreuil.
—¿Por qué pronuncian ese nombre infame? —dijo Vicente Hodge.
Y levantándose, se dirigió hacia la ventana, abierta todavÃa, y miró hacia afuera:
Un centenar de patriotas, muchos de ellos llevando antorchas de haya y de abedul, avanzaban por el ribazo, y hombres, mujeres y niños, vociferaban el nombre maldito de Morgaz en derredor de una anciana que no podÃa escapar a sus insultos, pues apenas podÃa sostenerse.
Era Bridget.
En aquél, momento Clary se asomó a la ventana, y, distinguiendo a la vÃctima de aquella manifestación, cuya causa demasiado comprendÃa, exclamó:
—¡Bridget…!
Y, abriendo bruscamente la puerta, se lanzó fuera, sin responder siquiera a su padre, que la siguió con Vicente Hodge.
La turba de vociferadores estaba apenas a cincuenta pasos de la casa. Arrojaban lodo a la cara de la pobre anciana, la amenazaban, y muchos cogÃan piedras para tirárselas.