Familia sin nombre
Familia sin nombre —Y bien, señora Bridget, —repuso aquel miserable—; lo que yo hago, ¿no lo hacéis vos también? Porque no me explico que os halléis en el campamento de los patriotas sino para comunicar…
—¡Infame!, —exclamó Bridget.
—¡Ah! Callad, —dijo Rip cogiéndola con mucha violencia por un brazo—; callad, si no…
Con un leve empujón podÃa precipitarla en la corriente del Niágara.
—¡Me mataréis, —respondió Bridget retrocediendo algunos pasos—; pero no será antes de que llame para denunciaros! Y empezó a gritar:
—¡A mÃ! ¡Socorro! ¡A mÃ!
Casi en seguida se oyó cierto ruido que indicaba que los centinelas se aproximaban al sitio en que sonaban los gritos.
Rip comprendió que no tenÃa tiempo suficiente para deshacerse de Bridget antes de que acudieran a sus voces.
—¡Cuidado, Bridget! —la dijo—. ¡Si decÃs quién soy yo, a mi vez diré quién sois vos!
—¡Decidlo, pues! —respondió Bridget—, que no titubeó, a pesar de aquella amenaza.
Y luego, con voz más fuerte, repitió:
—¡A mÃ, socorro, a mÃ!