Familia sin nombre
Familia sin nombre Lo que Lionel pensaba de Juan era lo mismo que lo que Tomás Harcher y sus hijos creían también: ¿No le habían visto consagrarse por entero, al servicio de la causa nacional durante toda su vida? Y tanto heroísmo y tanta virtud, ¿no eran bastantes a borrar el crimen de Simón Morgaz? Esto pensaban, y ciertamente que en presencia de aquella odiosa escena no hubieran podido contenerse, lanzándose en medio de la muchedumbre para hacer justicia por tantos ultrajes. Sí: lo hubieran hecho así; del mismo modo que si a la sazón supieran el paradero de Juan, correrían en su busca y, conduciéndole a presencia de los gorros azules, le suplicarían que se pusiera a su cabeza.
Es preciso que digamos, en honor de la verdad, que desde la expulsión de Juan y de su madre un gran cambio se había operado en los espíritus, y los sentimientos que experimentaban Lionel y la familia Harcher eran ahora los de la mayoría de los patriotas.
A eso de las once de la mañana los preliminares del ataque empezaron, dejándose oír el estampido de las baterías de Chippewa.