Familia sin nombre
Familia sin nombre Respecto a los Mahogannis que habían tomado parte en el desenlace fatal de la insurrección, el Gobierno tuvo a bien olvidarlos, lo mismo que al excelente hombre que fue arrastrado a pesar suyo a inmiscuirse en cosas que no estaban en armonía con su carácter. Así es que el buen Nick, disgustado de las grandezas que los hurones le otorgaban; y que él no había buscado, volvió a Montreal, en donde empezó de nuevo su antigua vida; y si Lionel se sentó otra vez delante de su pupitre en el estudio de la plaza del Mercado del Buen Socorro, bajo la férula de un Sagamore, fue con el alma llena de recuerdos de aquél por quien hubiera con gusto sacrificado su existencia. Ni uno ni otro, ni principal ni pasante, podían olvidar jamás a la familia de Vaudreuil ni a Juan Sin Nombre, rehabilitado por la muerte, y que figura hoy como uno de los héroes legendarios del Canadá.
Para concluir.
Si las insurrecciones habían abortado, no puede negarse que hubieron de sembrar el germen de las reformas que había de fructificar andando el tiempo, y los patriotas no vertieron en vano su sangre para recuperar sus derechos.
¡Que esta lección sirva de ejemplo para cualquier país a quien incumba el deber de conquistar su independencia!