Familia sin nombre
Familia sin nombre —¡Padre, es preciso que cobres fuerza! —dijo Juan.
Simón Morgaz no respondió.
—Padre mÃo, —dijo entonces Joann (ésta fue la única vez que le dirigió la palabra desde su salida de Chambly)—; ¡padre mÃo, no podemos ir más lejos…! ¡Nuestra madre está incapaz de resistir nuevas fatigas…! ¡Estamos casi en la frontera americana…! ¿Pensáis ir más allá?
Simón Morgaz miró a su hijo mayor, pero casi en seguida bajó la vista.
Joann insistió.
—¡Ved en qué situación se encuentra nuestra madre! —repuso—; no se halla en estado de moverse… ese entorpecimiento va a quitarla la poca energÃa que le queda… Mañana se verá imposibilitada de levantarse… Mi hermano y yo la llevaremos en brazos, si es necesario; pero es menester que sepamos adónde queréis ir, y que no sea demasiado lejos.
—¿Qué decidÃs, padre mÃo?
Simón Morgaz no respondió, inclinó la cabeza, y se retiró al fondo de la cueva.