Familia sin nombre
Familia sin nombre A semejanza de los ricos negociantes de Londres, los de la población de que nos ocupamos separan la habitación de la familia de la casa de comercio, y cuando acaban su trabajo se dirigen hacia los barrios del Norte por las pendientes del Monte Real y de la avenida circular que rodea su base. Allí se elevan casas particulares, que parecen palacios, y hermosísimos hoteles en medio de jardines.
Fuera de estos barrios opulentos, los irlandeses están, si así puede decirse, confinados en su Gheto de Santa Ana, situado en la desembocadura del canal de Lachine, en la orilla derecha del San Lorenzo.
El Sr. Nick poseía una buena fortuna, y hubiera podido retirarse todas las noches, como lo hacen las notabilidades comerciales, a una de aquellas aristocráticas moradas de la villa alta, debajo de los frondosos árboles de San Antonio.
Pero era de esos notarios de antigua raza, cuyo horizonte se limita por las paredes de su estudio y que justifican el nombre de guardanotas, vigilando día y noche los contratos, minutas y papeles de familia confiados a sus cuidados.