Familia sin nombre
Familia sin nombre El descendiente de los Sagamores vivía, pues, en su antigua casa de la plaza del Mercado del Buen Socorro. De allí salió, en la mañana del 3 de Septiembre, con su segundo pasante para ir a tomar el coche que hacía el servicio de Montreal a la isla Jesús, separadas por uno de los brazos intermedios del San Lorenzo.
Plaza del mercado del Buen Socorro en Montreal.
En primer lugar, el notario se fue al Banco, por anchas calles llenas de lujosas tiendas y esmeradamente cuidadas por los ediles montrealeses.
Llegado que hubo delante del edificio, dijo a Lionel que lo esperara, entró en la sala de la caja central, volvió un cuarto de hora después, y se dirigió hacia la oficina del coche público.
Éste era una de esas vagonetas de dos caballos que se llaman buggies en lenguaje canadiense. Esta especie de vehículos, suspendidos sobre buenos muelles, tienen el movimiento bastante suave, están construidos con mucha solidez para resistir la dureza de los caminos, y cabe en ellos media docena de viajeros.
—¡Ah! ¡Es el Sr. Nick! —exclamó el conductor del coche, divisando al notario, que siempre y en todas partes era bien acogido.
—Yo mismo, acompañado de mi pasante, —respondió el descendiente de los hurones, con el tono de buen humor peculiar en él.