Familia sin nombre
Familia sin nombre El mayoral guió hacia los barrios altos en dirección al Monte Real; el notario miraba a diestra y siniestra con tanta atención como Tom, aunque con diferente motivo; pero parecÃa que aquel dÃa nadie tenÃa necesidad de ir al Norte de la isla ni de conversar con el Sr. Nick. No; Ni siquiera se presentaba un solo compañero de viaje, y, sin embargo, el coche habÃa llegado al paseo circular, desierto todavÃa a aquella hora, entrando en él al trote de los caballos.
En aquel momento, un individuo avanzó hacia el vehÃculo, haciendo señas a cochero para que detuviera los caballos.
—¿Tenéis algún asiento desocupado? —preguntó.
—Uno y tret también, —respondió Tom—, que, según su costumbre, dio a este diptongo la pronunciación canadiense, como hubiera podido decir: il fait-fret, por hace frÃo.
El nuevo viajero tomó asiento en el banco enfrente de Lionel, después de saludar al Sr. Nick y a su pasante. El coche echó a andar de nuevo, y algunos minutos después dio la vuelta al Monte Real, y desaparecieron a la vista los tejados de hierro estañado de las casas de la ciudad, que resplandecÃan al sol como otros tantos espejos plateados.